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Cuando la publicidad toca el alma

Se llame alma, conciencia o corazón. Todos tenemos un rincón en el que se remueven nuestros sentimientos. Miedo, alegría, envidia, curiosidad, preocupación… Con todos ellos juega la publicidad, a veces de manera sutil, otras con una crudeza que angustia. ¿Dónde está el límite?

 

Toda publicidad se crea para emocionarnos de una manera u otra, pues tendemos a recordar aquellas cosas que despiertan sentimientos en nosotros, pero muy pocas campañas consiguen “tocar el alma”. Para conseguirlo, a veces las compañías rozan la inmoralidad de tal manera que llega a ser contraproducente. Aunque la moralidad es algo subjetivo, todos deberíamos saber diferenciar una entre una verdad y un intento de manipulación; ése es nuestro límite.

La verdad no tiene réplica

Algo puede ser escabroso, incluso desagradable, pero si cuenta una verdad, hay poco derecho a réplica. En ese escenario se mueve una de las campañas más criticadas en su día, “life is short, play more” de Xbox:

Muchos acusaron a la compañía de mal gusto, pero desde el punto de vista del publicista fue una campaña magistral, aunque se entiende que no todo el mundo esté de acuerdo.

¿Cuenta la verdad?

Por desgracia lo es; el ciclo vital no dura cincuenta segundos, pero quien diga que la vida es larga, es que no ha vivido suficiente.

¿Es efectiva?

Puede que el anuncio no te haga saltar del sofá para ir a comprar una Xbox, pero sí logra que te replantees lo que haces con tu tiempo y muchos aficionados a los videojuegos querrían jugar más.

Removiendo conciencias

Esta línea de crudeza es sello propio de la mayoría de las campañas publicitarías de tráfico que pretenden concienciar contra el alcohol y las drogas. Quién no recuerda la campaña “Ten cerebro, pasa de la coca”:

O la última campaña de la DGT: “En un accidente de tráfico, ¿quién prefieres ser?”. Una crudeza a veces necesaria para remover conciencias, para clavarse en el alma.

Despertando sentimientos desde la sutileza

Pero hay otra manera de llegar al público, otra manera de despertar sentimientos sin ser tan explícitos, con sutileza. Un ejemplo espectacular es el “Acto I. Alma” de Estrella Damm.

La música, el metraje, la ambientación, todo en sincronía para encogerte el corazón:

Es imposible no empatizar con la angustia que desprende. Puede que nunca bebamos una Estrella Damm, pero sólo podemos aplaudir la iniciativa y su realización, sin duda, nos ha tocado el Alma.

comillas

Si queremos mantener nuestra forma de vivir. ¿No deberíamos proteger aquello que la hace posible?

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